miércoles, 29 de junio de 2016

EN UN PAÍS EN DONDE SE TOLERA LA MENTIRA NO SE PUEDEN CONSTRUIR INSTITUCIONES FUERTES



Quisiera referirme sobre la negociación que secretamente llevan acabo el presidente Morales con la empresa holandesa APM. Posiblemente la negociación con la empresa holandesa sea lo más conveniente dado el problema que representaría tener que dejar en el abandono la central de contenedores por a saber cuantos años. El problema fundamental de ésto no es el negocio en si, sino lo constituye la secretividad con la que se hace la misma. 

Cabe preguntarse ¿porqué tanto secreto?  

Los guatemaltecos estamos cansados de que los grandes contratos sean negociados a nuestras espaldas, como el caso de las licencias mineras que fueron dadas de esa manera, sin licitación alguna y sin contar con el consentimiento de las comunidades y que por lo tanto ahora tanta conflictividad crean.  
El presidente Jimmy Morales se comprometió en campaña a que todos los negocios y contratos se iban a llevar a cabo de frente a las cámaras, pero ha resultado un mentiroso.  

Nuestros políticos aún no han comprendido que esa vieja forma de hacer política ya no es posible y que ahora la verdad es puesta en evidencia de cualquier forma por la tecnología, por lo que resulta sino imposible muy difícil de ocultar.  

En gran parte el problema radica en que nosotros los guatemaltecos nos hemos acostumbrado a la mentira y hemos llegado a ver cómo algo normal que se nos mienta o que se nos oculten las cosas. 

Poco a poco se van descubriendo las mentiras y nosotros nunca nos pronuciamos al respecto o simplemente no le damos importancia. Nuestros políticos mienten descaradamente y se escudan en las mismas leyes, diciendo que para que sea mentira se les debe probar previamente en los tribunales y aluden a la presunción de inocencia, convirtiendo de esa manera la mentira un problema manejable en los medios. 

Los grandes consorcios de noticias presentan las notas bajo el lema < no importa la verdad, lo que importa es cómo se presente esa verdad > y las noticia realmente importantes y de interés nacional son presentadas por medio de < analistas ADOC > a quienes ellos mismos llaman expertos. Lo hacen normalmente mostrando dos posiciones a saber, una ganadora y otra perdedora, a las cuales acomodan a voluntad.

Ahora que se habla de hacer cambios al código penal deberíamos legislar primeramente sobre la mentira, la mentira debe ser punible porque de ella emana la corrupción y cuando no se pone límite a la mentira, ésta tiende a transformarse en una corrupción generalizada cómo la que estamos viviendo.

El problema de la impunidad madre de la corrupción no está en el ejecutivo, el ejecutivo, es quien hace uso de ella pero el problema está generalizado en el organismo judicial, allí es su nido; sin embargo nosotros protestamos únicamente contra los otros dos poderes del estado.

En Guatemala hace décadas que nadie se va a la cárcel por perjurio, todos firmamos una declaración jurada para pagar nuestros impuestos, pero a su vez sabemos de antemano que la ley de perjurio es letra muerta.  

Debemos ser estrictos con la mentira y el perjurio sobre todo con quienes nos gobiernan, si queremos llegar a ser un país desarrollado y debemos hacerlo en todos los ámbitos de la vida ciudadana; en las empresas, en los colegios y todas las demás instituciones sean éstas de naturaleza pública o privada, empero comencemos por legislar de manera tal que el perjurio sea punible.

Yo hago un llamado a que rechacemos la mentira a todo nivel, comenzando por nuestras familia, en nuestros trabajos, colegios y en todo nuestro actuar, empero resulta una tarea poco fácil no mentir, en un medio, en donde el que miente y oculta las cosas siempre sale ganando y la mentira queda impune y de todas formas es aceptada socialmente. 

Sobre la mentira existe algo que es muy importante que no quiero dejar de mencionar y es el hecho de que por sobre todas las cosas, la mentira resulta imposible de vencer en una sociedad en donde son los propios gobernantes son los que mienten impunemente y en donde éstos hacen de la mentira su estilo de gobernar. 

El presidente Morales nos ha mentido en reiteradas ocasiones, yo ya perdí la cuenta de cuantas veces lo ha hecho; sin duda alguna no se ha dado cuenta de las razones por las que fue electo, pero lo hace, porque seguramente tanto él cómo sus asesores saben que el pueblo de Guatemala es un pueblo que tolera la mentira y un pueblo que tolera la mentira es un pueblo igual de mentiroso.

En las naciones del primer mundo, el perjurio es punible y condenado a todo nivel, la mentira es estrictamente inadmisible en los gobernantes, las personas que mienten en sus impuestos van a la cárcel, al político que es descubierto por la prensa en una mentira literalmente se lo devoran, la prensa es implacable con eso, mientras que en Guatemala los medios de prensa normalmente son los cómplices silenciosos de las mentiras de nuestros gobernantes.

Recientemente uno de los líderes religiosos más conocidos del país, mintió sobre cómo obtuvo una bandera de casi un millón de quetzales proveniente de la ex vicepresidenta y sacó un comunicado diciendo sentirse indignado porque no sabía de donde provenían los fondos, hoy se sabe que el mismo le pidió la bandera a Roxana Baldetti, por declaración que hiciera ella misma bajo juramento en los tribunales de justicia, lo que sólo nos muestra hasta donde ha llegado a afectar la mentira en nuestra sociedad.

La mentira es la madre de todas las demás faltas y la verdad se debe imponer en nuestras sociedades latinoamericanas si queremos aspirar al desarrollo. 



Debemos de entender que la mentira hace la gran diferencia entre el desarrollo y el subdesarrollo, porque la verdad es la gran generadora de confianza para las inversiones tanto nacionales cómo extranjeras,

El problema de falta de inversión no es un problema económico, como nos han querido hacer creer los denominados < analistas > que presentan las noticias, son de índole estructural. Es una gran mentira que se pueda generar confianza en un sistema que no penaliza la mentira. 

Los inversionistas no vienen a invertir porque saben que aquí prevalece la mentira y no quieren invertir en un país en donde un grupo de empresarios < organizados > que son una minoría y jueces con la complicidad de la prensa y las demás autoridades, son quienes ponen las reglas del juego y los pocos que vienen son los inversionistas mentirosos, cómo es el caso de las mineros, que han obtenido sus licencias en la secretividad, a espaldas del pueblo y sin consultar a la comunidades, bajo el amparo de de éstas élites y sus ministros de energía y minas, que los obligan ha hacerse socios de ellos para depredar las riquezas del subsuelo u obtener prebendas de cualquier tipo.  Hoy sabemos que ese grupo se llama crimen organizado.

Ojalá que las nuevas reformas judiciales contemplen legislar para que el perjurio no quede impune; reformas las cuales, pese haber pedido la opinión de la sociedad civil, cómo un mero formalismo, se están imponiendo y se están llevando acabo a espaldas del pueblo.  Nos hace falta ver todavía, en manos de quien va a quedar ese super poder que se está creando con esas nuevas reformas, porque con eso no entregamos solamente nuestra soberanía sino nuestra propia libertad.

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